• En momentos donde todos hablan de cambio climático, descarbonización y sostenibilidad urgen acciones concretas.
  • La huella mínima de carbono es uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos. La transformación industrial es crucial para conseguir ese objetivo.
  • El modelo que Tebrio plantea ofrece un aprovechamiento integral de los recursos con una mínima emisión de gases nocivos para el planeta.

UN RETO

Reducir la huella de carbono es responsabilidad de todos. Frente al desafío medioambiental al que nos enfrentamos, la ambigüedad se torna peligrosa y es necesario tomar decisiones que marquen la diferencia. La industria no puede quedarse al margen y está haciendo grandes esfuerzos para adaptarse a esta nueva situación. En ese contexto, Tebrio ha conseguido desarrollar un innovador modelo de producción que no sólo es respetuoso con el medio ambiente, sino que además permite a sus clientes contaminar menos cuando utilizan sus productos. Por eso, entre otros motivos, su CEO ejerce desde hace casi un año como embajadora del Pacto Europeo por el Clima.

En los últimos dos años, Tebrio ha pasado a formar parte del Pacto Mundial de la ONU, ha obtenido la certificación B-Corp, otorgada a las empresas con un alto desempeño de responsabilidad social y medioambiental, y su CEO ha sido nombrada embajadora del Pacto Europeo por el Clima, una iniciativa de sensibilización promovida desde Bruselas para apoyar la acción por el clima desde todos los ámbitos y en todo el territorio de la UE.

La idea de una Europa y un mundo más sostenible moviliza a millones de ciudadanos y organizaciones en los cuatro puntos cardinales. En efecto, el pacto busca visibilizar y socializar acciones concretas que inciden directamente en la lucha contra el cambio climático, entre ellas las que persiguen una reducción de la huella de carbono, un objetivo estratégico si queremos alcanzar la meta del 2050: un continente climáticamente neutro.

LOGRAR UNA HUELLA MÍNIMA

En este proceso Tebrio aporta su propia cultura y filosofía productiva y organizacional, marcadas por las ideas de optimización de recursos, circularidad y sostenibilidad a largo plazo, con el objetivo de dar un paso más allá y alcanzar en el futuro una huella de carbono negativa.

¿Cómo se logra esto? Por una parte, el Tenebrio molitor tiene el valioso atributo de la eficiencia, utiliza y procesa todo lo que ingiere. Lo que observamos es un ciclo digestivo libre de compuestos hidrogenados, sin metano o amoniaco en forma de nuevas emisiones. Esto se traduce en algo simple a la vez que enorme: los nichos ecológicos donde estamos inmersos no se ven más afectados; al contrario, estamos convirtiendo materias primas de bajo valor en contribuyentes directos a la calidad de vida, la seguridad alimentaria y la viabilidad de nuestros modelos de crecimiento.

Cuando unimos baja huella ecológica con alternativas a la obtención de energía, en este caso de proteínas, lo que encontramos es un sistema de productos auténticamente comprometidos con la protección del clima.

 

LA HUELLA DE CARBONO

Recordemos lo siguiente: la huella de carbono es una formulación que expresa tanto las emisiones directas como indirectas de diversos compuestos, entre ellos el dióxido de carbono (principal responsable del calentamiento global), pero también el hexafluoruro de azufre, el óxido de nitrógeno, el metano, los perfluororcarburos y los hidrofluorocarburos.

Esta “huella” resulta ser una abstracción matemática donde se intenta cuantificar el resultado, en emisiones, de todo el cúmulo de factores y conductas que estructuran el actual modo de vida: los desplazamientos terrestres o aéreos, el funcionamiento de maquinaria, la producción de alimentos, etc.

La fórmula puede explicarse así: huella de carbono = dato de actividad x factor de emisión. (La actividad se multiplica por el factor de emisión en dependencia del combustible o tipo de energía utilizado durante el proceso)

Así, la forma de producir riqueza y cultura que da forma a la sociedad contemporánea imprime, segundo a segundo, su firma en el cielo. Prácticamente todo lo que hacemos recrea una traza de carbono en la atmósfera, sin dejar de sobrecalentar el planeta y poniendo en peligro a todas las especies, además de al propio sistema humano-tecnológico donde nos reproducimos como sujetos.

¿Qué piden los grandes organismos y tratados internacionales? Entre otras cuestiones, la descarbonización de la producción, un rediseño que detenga la emisión de gases.

De ahí que una industria como la de la transformación de insectos, basada en la investigación científica, esté creciendo al ritmo exponencial que lo hace cada año. Porque además de suministrar productos estratégicos a un sector clave como es el agroalimentario, consigue hacerlo minimizando su impacto medioambiental y ofreciendo a la agricultura y la ganadería la posibilidad de ser más sostenibles.

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