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Las consecuencias de la guerra de Ucrania en el sector agroalimentario

Las consecuencias de la guerra no se han hecho esperar en el sector agroalimentario. El brutal conflicto que Rusia ha desatado en Ucrania tiene repercusiones directas en la producción de cereales y en la fabricación de piensos para ganado. A los problemas ocasionados por la pandemia y el alza de los precios de la energía, se suma ahora la paralización del granero de Europa por un tiempo que nadie se atreve a predecir. Y un aumento extraordinario en los precios de las materias primas, incluyendo los cereales y los fertilizantes químicos.

Ucrania produce al año el 16% del maíz mundial y el 12% del trigo que se consume en el planeta. Y Rusia pone en el mercado el 17% del grano global, lo que unido representa casi un 30% de las existencias que anualmente se destinan a la alimentación humana y también animal.

Los puertos de Ucrania están bloqueados y las sanciones impuestas a Moscú tendrán una contrapartida a la hora de comerciar con Rusia. Tanto para los países que las han promovido como para los que no lo han hecho.

Cosechas futuras

Si el conflicto se alarga, no sólo estará en peligro la cosecha de este año, sino también la del que viene. Y ante una menor oferta o un eventual desabastecimiento, los precios se dispararán más aún. El reflejo en bolsa ya lo hemos visto en los parqués de referencia de Chicago y París, donde las cotizaciones del trigo y el maíz han llegado a alcanzar su nivel más alto desde 2012.

El futuro es incierto, porque a la inestabilidad del mercado ucraniano se unen los obstáculos regulatorios para importar grano de aquellos países que cultivan especies modificadas genéticamente. Y si esta situación se prolonga hasta el punto de que Ucrania tenga que renunciar a la siembra de primavera, el impacto golpeará aún con más fuerza al mercado mundial de aceites vegetales. Puesto que este país produce la mitad del aceite de girasol que se consume mundialmente.

Soluciones alternativas

Esperando que la paz que nunca debió perturbarse se restablezca, quizá haya llegado el momento de impulsar decididamente la utilización de fuentes alternativas de proteína y grasa para la fabricación de piensos animales. De esa manera, optimizaríamos nuestros recursos y garantizaríamos unos mínimos de subsistencia para el futuro. La utilización de fertilizantes orgánicos nos permitiría además reducir nuestra dependencia de los químicos. Y aumentar nuestra competitividad sin descuidar la producción a gran escala, mientras protegemos el equilibrio natural de la tierra. Por lo que, en este contexto, la labor de Tebrio cobra más trascendencia que nunca.

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